Puerto Rico: una reflexión necesaria

Puerto Rico: una reflexión necesaria

Puerto Rico: una reflexión necesaria

En estos momentos en que comienzan a perfilarse candidatos a la gobernación, siento la responsabilidad —desde mi espacio como artista y como ciudadana— de compartir una observación que nace de la experiencia, de la calle y de la vida misma.

Se ha creado una narrativa donde se condena la forma en que algunos artistas, particularmente del género urbano, expresan sus ideas de manera cruda. Sin embargo, si miramos con honestidad histórica, eso no es nuevo. En la música que me formó, y en la que existía antes de mí, también se decían verdades sin filtro. Ahí están ejemplos como “Cuidadito Compay Gallo”, y también interpretaciones como “Los Hermanos Pinzonez”, llevadas por Graciela Pérez junto a su hermano Machito, que retratan la vida tal como es.

Entonces, ¿por qué ahora nos escandalizamos?

Vivimos también en una sociedad donde, en ciertos círculos llamados “de alta alcurnia”, parece que no se puede ni respirar sin medir cada palabra. Pero todos sabemos que muchas veces eso es fachada. Porque en lo privado, esas mismas personas se expresan con la misma crudeza que critican en público.

La verdad es simple: las palabras no tienen carga por sí solas. La carga se la da quien las escucha.

Yo prefiero la autenticidad.

Y traigo esto al plano político.

Más allá de partidos o etiquetas, deberíamos enfocarnos en algo esencial: la acción. Hemos visto figuras que hablan, pero también hemos visto —y eso es verificable— a Eliezer Molina actuar, denunciar, educar y exponerse en espacios donde otros no llegan.

No es una recomendación política. Es una observación.

Pero hay algo más profundo que quiero señalar.

La creación. La capacidad de transformar.

Porque así como en la política necesitamos acción, en el arte vemos todos los días lo que significa transformar la realidad.

Una mujer toma un lienzo en blanco —literalmente un espacio vacío— y lo convierte en belleza. En mensaje. En historia.

Ahí está Luisa Géigel Brunet, pionera en las artes plásticas en Puerto Rico, quien no solo pintó, sino que educó y abrió camino en una época donde no era común que una mujer ocupara ese espacio con autoridad.

Ahí está Sylvia Rexach, que con melodías convirtió emociones en piezas inmortales.

Ahí están también las genialidades que crea Mayra Santos-Febres, quien desde la literatura ha construido pensamiento, identidad y cuestionamiento social con una profundidad que trasciende generaciones.

Y en la música afrodescendiente de América Latina, está Leonor González Mina, “La Negra Grande de Colombia”, cantora, educadora y figura fundamental en la afirmación de la identidad negra a través del arte.

Y en lo contemporáneo, creadoras como la Dra. Siuko García —pintora y artista visual— que siguen haciendo exactamente lo mismo: tomar materia, color e intención… y convertirlo en una obra que impacta y permanece. Ella ha sido parte de la construcción visual de mi historia artística como creadora de mi mural.

Y también artistas como Dennis Mario Rivera, quien desde la xilografía y el grabado transforma la línea en lenguaje visual con profundidad.

Ese es el punto.

La verdadera capacidad transformadora no está en la apariencia ni en el discurso pulido.
Está en la acción. En la obra.

Y así como en el arte hay quienes transforman un lienzo en blanco, también en la historia hubo quienes se atrevieron a avanzar, abriendo rutas sin garantías.

Puerto Rico es un país con todo a su favor: luz, clima, belleza natural y un pueblo que se levanta en los peores momentos.

Entonces, ¿por qué no mirar hacia quienes han demostrado que hacen?

La historia nos ha enseñado que muchas de las mentes más brillantes fueron incomprendidas en su momento. Santiago Rusiñol, figura clave del modernismo catalán, convirtió el arte en comunidad y transformó espacios en centros vivos de cultura. Frida Kahlo convirtió el dolor en arte.

En Puerto Rico, José Campeche y Jordán dejó un legado inmenso, y José Ignacio Quintón elevó nuestra música a niveles extraordinarios.

La genialidad muchas veces vive fuera de la norma.

Y lo distinto, muchas veces, incomoda antes de transformar.

Por eso, cuando miremos al futuro, hagámoslo con criterio.

Porque el cambio real no siempre viene perfecto.
A veces viene incómodo.
Pero viene con obra.
Y viene con verdad.

Nota importante:

Esta reflexión no constituye un respaldo político formal ni una aspiración a cargo público. Es una opinión personal como ciudadana y artista puertorriqueña.

No estar de acuerdo es válido.
El respeto es obligatorio.

Cualquier comentario que cruce a ataques personales, faltas de respeto o desvíe la conversación hacia lo ofensivo será eliminado y la persona bloqueada de este espacio.

Este es un espacio de pensamiento, no de agresión.

 

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