Salsa al Parque memoria, ciudad popular y derecho a la alegría
LA IDENTIDAD DE UN PUEBLO NO SE NEGOCIA
Salsa al Parque: memoria, ciudad popular y derecho a la alegría

En tiempos del ruido, del olvido y de los relatos institucionales que a veces presentan la cultura como si comenzara cuando aparece una tarima, una cámara o una programación oficial, resulta necesario volver la mirada hacia los procesos que han sostenido silenciosamente la memoria cultural de Santiago de Cali. Salsa al Parque pertenece a esa historia.
Su trayectoria no comenzó el día en que adoptó su nombre actual ni puede reducirse a los más de quince años durante los cuales se ha consolidado como un referente cultural de la ciudad. Sus raíces se remontan a la última década del siglo XX, cuando, hacia 1996, 1997 y 1998, comenzaron a desarrollarse audiciones y encuentros salseros en el corazón del Distrito de Aguablanca, particularmente en El Poblado II.
En aquellos espacios barriales, escuchar salsa nunca fue una actividad pasiva. Cada disco permitía conversar, recordar, compartir conocimientos y reconstruir historias sobre intérpretes, compositores, orquestas, sellos discográficos, épocas y movimientos musicales. La audición era, al mismo tiempo, encuentro comunitario, ejercicio de memoria y forma popular de educación cultural.
Aquella experiencia se extendió posteriormente por distintos barrios de Cali. Las audiciones fueron recorriendo territorios, reuniendo coleccionistas, melómanos, salsómanos, bailadores, músicos, jóvenes, personas mayores, familias y habitantes que encontraban en la música un lenguaje común. Fueron muchos los colectivos, hombres y mujeres que contribuyeron a sostener estos espacios y a demostrar que la cultura salsera no pertenecía exclusivamente a los grandes escenarios ni a los circuitos comerciales.

Salsa al Parque recogió esa memoria, le dio continuidad y la proyectó hacia una experiencia cultural de ciudad. No surgió de la nada ni constituye una creación desvinculada de los procesos anteriores. Es la síntesis de una tradición de audiciones barriales, coleccionismo, resistencia cultural y ocupación ciudadana del espacio público.
Persistimos e insistimos cuando hacer una audición gratuita al aire libre parecía una idea marginal. Batallamos por abrir parques, plazoletas y escenarios para el disfrute ciudadano. Entendimos que el espacio público no debía ser solamente un lugar de tránsito, vigilancia o comercio, sino también un bien común en el que la gente pudiera encontrarse, bailar, conversar, reconocerse y celebrar. Así fue consolidándose Salsa al Parque, el Encuentro de Salsómanos y Salsómanas en Santiago de Cali: un encuentro con la alegría, pero también con la historia, la memoria y la diversidad de la ciudad.
Más de 107 audiciones dan cuenta de una trayectoria persistente. Sin embargo, su importancia no reside únicamente en el número de eventos realizados. Su verdadero valor está en los vínculos construidos, los saberes compartidos, los públicos formados y los espacios recuperados para la convivencia. Está en haber acercado la salsa a personas de diferentes edades, procedencias sociales, identidades étnicas, convicciones religiosas, posiciones políticas y orientaciones sexuales, sin establecer más condición que el respeto por los demás y el deseo de compartir la música.
Salsa al Parque ha demostrado que la música puede tejer vínculos y construir ciudadanía cultural. La salsa ha sido el lenguaje, pero también el pretexto para encontrarnos en medio de nuestras diferencias. Cada audición ha permitido ejercer el derecho a participar en la vida cultural, acceder gratuitamente a contenidos musicales y ocupar colectivamente la ciudad.
Esta dimensión resulta especialmente importante porque los derechos culturales no se limitan al acceso a espectáculos. También comprenden el derecho de las comunidades a preservar sus memorias, transmitir sus saberes, expresar sus identidades y participar en la definición de la vida cultural de sus territorios. Cuando un proceso popular recupera un parque para la música y la convivencia, no realiza solamente un evento: materializa derechos y amplía la democracia cultural.
En una ciudad donde con frecuencia se imponen las hegemonías mediáticas, las narrativas oficiales y la concentración de recursos y escenarios en unos pocos actores, defender la existencia de los procesos autónomos es una tarea democrática. No se trata de desconocer otras iniciativas ni de proclamar que existe una única manera legítima de vivir la salsa. La cultura salsera de Cali es amplia, plural y diversa. Ha sido construida por músicos, bailarines, coleccionistas, melómanos, investigadores, gestores, comunicadores, artesanos y comunidades enteras.
Precisamente por eso, reconocer a Salsa al Parque no significa borrar a nadie. Significa comprender que dentro de esa historia colectiva existe un proceso identificable, persistente y trascendente que ha contribuido a dignificar las audiciones, formar públicos, circular repertorios, recuperar espacios y proyectar internacionalmente una manera popular de encontrarse alrededor de la salsa.
Los homenajes y encuentros realizados en Estados Unidos y Europa demuestran que esta experiencia nacida en la ciudad popular logró trascender fronteras. Pero su mayor logro continúa estando en Cali: en cada persona que encontró gratuitamente un espacio para escuchar un disco, aprender una historia, bailar una canción, reencontrarse con otros y sentir que también tenía derecho a la ciudad.
Hoy, cuando tantas memorias corren el riesgo de ser sustituidas por discursos de ocasión, volver a las raíces de Salsa al Parque es también un acto de justicia cultural. Es recordar que antes de los grandes reconocimientos existieron personas cargando equipos, prestando discos, convocando vecinos, gestionando permisos, resolviendo dificultades y defendiendo obstinadamente el derecho a la alegría.
Salsa al Parque no es únicamente una programación cultural. Es memoria viva, escuela popular, espacio de convivencia y ejercicio de ciudadanía. Es la música tejiendo vínculos. Es la ciudad popular contando su propia historia. Defender su continuidad no es pedir un privilegio. Es reclamar que Cali reconozca, valore y fortalezca los procesos que han contribuido a construirla desde abajo, con autonomía, generosidad y persistencia.
Porque una ciudad que olvida a quienes han cuidado su memoria termina perdiendo una parte de sí misma. Y porque defender la salsa, el encuentro y la alegría también es defender el derecho de todos y todas a vivir, disfrutar y transformar la ciudad.
Alex Zuluaga P.
Creador y fundador de Salsa al Parque
Fundación Cultural Nuestra Cosa Latina
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